AKUMI

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ARQUETIPO DE CLASE: —–
TRASFONDO: Indómito

RAZA: Kitsune

EDAD: 18 PELAJE: Rojizo
ALTURA: 1,60m COLOR OJOS: Verdes
PESO: 42Kg SEXO: Femenino

 

HISTORIA PERSONAL:

En una apacible aldea en el corazón del bosque, la infancia de Akumi transcurrió tranquila y feliz. Junto al resto de los niños de su edad, aprendío sobe la profunda sabiduría del pueblo Kitsune y sobre los secretos del bosque.

A medida que se acercaba a la edad adulta, y al viaje de auto descubrimiento propio de su pueblo, sin embargo, las cosas en el hogar de Akumi comenzaron a volverse cada vez más oscuras. Las bestias salvajes, antes amigas de los Kitsune, se volvían cada vez más hostiles, la gente de la aldea enfermaba y moría, sin que ninguno de los senadores supiese el motivo. Al cabo de un tiempo, la situación se volvió insostenible. Varias partidas de exploración partieron de la aldea y al cabo de unas pocas millas al sur de la misma, una de esas partidas, a la que se había unido Akumi, encontró un siniestro altar erigido por un extraño culto a los Peregrinos y cuyo centro era un brillante cristal que pulsaba con una brillante luz. Los exploradores, al ver el cristal, supieron que era el origen de lo que ocurría en la aldea, pero antes de poder hacer nada al respecto, los miembros del culto surgieron de repente y estalló una batalla. Algo ocurrió durante la misma, quizás por error, quizás intencionadamente alguien destruyó el cristal y éste estalló, destruyendo todo a su alrededor.

Akumi ignora cómo sobrevivo a la explosión, pero mientras yacía en el suelo, sintiendo que la vida se le escapaba, tuvo una visión. Vio a una resplandeciente mujer, hecha de piedra, y tierra, y hierba, que derramada amargas lágrimas, y cuya piel estaba cubierta de úlceras formadas por el mismo extraño cristal que habían encontrado en el altar.

Cuando por fin recuperó la consciencia, milagrosamente sanada de sus heridas, y mientras caminaba entre las humeantes ruinas de su aldea y los cuerpos sin vida de su pueblo, supo que la Madre Abundante había acudido a ella, y desde ese momento se consagró a la diosa y a la tarea de proteger a la naturaleza y sus moradores de la dañina influencia del Xion, nombre con el que descubrió que se conocía el terrible material que había destruido su mundo.

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